Ahí lo tenemos, aunque no lo parezca en el momento de la foto estaba emotivamente sensible. De hecho, esta punto de arrancar a llorar porque había pisado una florecilla silvestre y porque tenía el badajo en carne final de tanta fricción. Una foto elegante, en la que el protagonista parece pensar "Ah... El amor... No me vuelvo a depilar el escroto que me pica un huevo (toma doble sentido, lástima que solo lo haya pensado y nadie lo haya escuchao, me siento solo...)"
martes, 30 de noviembre de 2010
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